A veces los planes salen bien

Pero son muy pocas la ocasiones en las que esto ocurre, y si salen no es por las razones que se pensaban inicialmente. El factor suerte influye de una manera tan determinante como ignorada.

Aunque no por eso hay que descartarlos. Tener un plan, una estrategia, una planificación, algo conducente a un objetivo más o menos definido es fundamental. Pero no puede entenderse de modo estricto.

Se genera cierta tiranía en el acto definir un plan. De alguna manera, se intentan cumplir de forma rígida, como si esa fuera la única manera. En general los planes adolecen de contradicciones.

Son poco utilizados, muy necesarios y se les hace demasiado caso. Y por lo que sea, esas contradicciones no sabemos gestionarlas muy allá. Un plan es una promesa que nos hacemos a nosotros mismos. Pero todos sus elementos, incluido el objetivo, pueden variar durante el desarrollo.

Así que hay que saber gestionar e incorporar el elemento aleatorio durante el proceso. Ahora, con el reciente confinamiento y la previsión de una segunda ola, todos tenemos claro que lo de hacer planes temporales está en el aire.

Pero esto siempre ha sido así. La novedad están en la posibilidad de que todo cambie por una razón concreta, que ahora es común.