Crear sin plan, a ver qué pasa

No siempre funciona, ni mucho menos, pero a veces es una buena idea ponerse a crear sin plan, viendo qué es lo que ocurre. Dejándose llevar sin una idea previa antes de ponerse delante del lienzo o página en blanco.

Esperar a ver qué es lo que fluye. Y aunque lo que salga no sirva, puede que de la pista para un camino por el que seguir, que luego acaba siendo interesante. Dejando la mente en blanco y echándose a andar, para encontrar el camino.

Otras veces, las más, esto no funciona, ni lleva a ningún sitio. Pero intentarlo tampoco está mal. Eso sí, para transitar por estas nubes es importante tener entrenamiento. No se puede pellizcar la creatividad así como si nada.

Primero hay que acostumbrarse. Practicar no digo duro, pero si de forma recurrente ayuda a llegar a ese estado mental propicio para que quizás, a lo mejor, pasen cosas. Pero estando acostumbrado a vivir dentro de un cuadrado resulta más difícil, o no.

Otra cosa que ayuda mucho es la confianza en que la receta funciona. Así es más sencillo mantenerse calmado cuando no aparece nada. Los plazos, el estrés y las prisas son el malo que gana las películas de la creatividad. Así que dejando espacio las cosas salen.

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