Cuando cae la persiana

Uno puede intentar engañar las leyes de la productividad, hacer trucos, juegos de manos, autoengaños y malabarismos, pero tarde o temprano te pilla, y el viaje que te pega es duro. Cae la persiana de golpe y te vienes abajo.

A veces no queda otro remedio que saltarse las normas durante un tiempo, por cuestiones relacionadas con el tempo. Pasar por ciertos puntos temporales a veces te obliga a intentar expandir las horas de dedicación.

Llegados a este punto, de lo que se trata, es de intentar reducir la caída, dando espacio, pero intentando recuperar lo antes posible. Algo que también es jugar con fuego, porque una segunda caída consecutiva es insalvable.

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