Cuando forzar situaciones es el único recurso

Hay quien que cree que la única forma de conseguir objetivos es exagerando determinadas situaciones para que los problemas que percibe invisibles, sean reconocidos y se actúe en consecuencia.

Es cierto que esto se hace necesario en algunos escenarios, sobre todo cuando esa invisibilidad está más en los ojos de quienes están a lomos de la la tendencia principal que en una realidad evidente.

Pero al margen de estas honrosas excepciones, la utilización recursiva de esta estrategia, como si fuera la solución a todo, no solo tiene poco recorrido, sino que lo empobrece todo, sin dejar escapatoria a cualquier otra solución.

En sociedades en las que la exageración para validar ciertas situaciones, se convierte en la norma, ese afán tiende a ser cada vez más fuerte, llegando al altas cotas de ridículo. Haciendo que no quepa ningún atisbo de realidad.

Todo, lo propio y lo ajeno, se entenderá en clave de postureo táctico, y lo central de los temas tratados se convertirán en accesorio, en tanto en cuanto solo servirán como excusa en una contienda sin fín.

Una forma de saber si uno se encuentra en un entorno de este tipo, es probar a intervenir con algo tangible, claro e inequívoco. Si los demás tardan en responder obviedades, lo más probables es que sea porque están haciendo cálculos maquiavélicos. Y así podrás saber que la cosa está realmente viciada.

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