Cuando la falta de competencia en pujas acaba siendo contraproducente

De los mejores escenarios que se pueden encontrar, a la hora de lanzar una campaña de publicidad digital, es el de la baja o nula competencia. Cuando no hay competencia las pujas se pueden llevar al suelo y tener una gran presencia, pero esto puede acabar siendo contraproducente.

Es importante tener en cuenta que la publicidad, por muy orgánica que se quiera presentar, sigue siendo publicidad. Y que tarde o temprano, hasta los usuarios más despistados terminarán dándose cuenta que están viendo anuncios en lugar de contenidos nativos.

Así que no hay que perder de vista que hasta los buenos anuncios acaban teniendo cierto grado de rechazo. Sólo por su propia dinámica interruptora, ya tienen más posibilidades de acabar cansando a los usuarios, cual hit del verano común.

Con los anuncios regulares y los malos, esa repetición interruptora se hace todavía más evidente, disipando cualquier duda entre si se trata de publicidad o no. Consiguiendo aburrir por reiteración.

Y aquí es donde un escenario sin competencia puede provocar un tremendo rechazo a una campaña, por buena que sea. Al no tener competencia en el segmento al que se va dirigido, se puede generar un escenario de reiteración con un efecto multiplicador insalvable.

Si tenemos claro que cualquier anuncio puede llegar a aburrir. Y entramos en un escenario sin competencia, será muy fácil caer en la tentación de bajar las pujas al máximo y buscar el mayor impacto posible.

Pero dependiendo del presupuesto y el segmento al que se dirija la campaña, esto se puede traducir en una alta densidad de impactos por usuario. Provocando el temido rechazo.

Así pues, en escenarios como este, es recomendable bajar un escalón en el despliegue de la campaña, introduciendo limitadores por usuario, para que al margen de cualquier otro parámetro, como máximo a cada usuario se le muestre los distintos anuncios solo un número determinado de veces.

Esto es complicado de implementar, sobre todo porque estamos hablando de tener unas métricas publicitarias peores de las que podríamos llegar a tener. Pero no hay que perder de vista el foco de la promoción, las conversiones. Y el rechazo en los anuncios nunca ayuda.