Cuando la rigidez es incapaz de adaptarse a la nueva realidad

Aunque pueda ser de perogrullo, parece que para algunas –pocas– personas es necesario explicar obviedades, una detrás de otra. Cuando se presenta una crisis sanitaria como la que estamos viviendo solo nos queda adaptarnos.

El nivel de imbecilidad de estas personas, que se rigen por un comportamiento cuadriculado y rígido, está marcando cotas insospechadas. Su actitud no se ve afectada por la palabra crisis, vacía de contenido el significado de pandemia y traduce las normas y recomendaciones en un eco lejano.

Muchas de las alternativas que se están incorporando por una cuestión de pura necesidad son eso, alternativas. Y aquí se genera otro problema semántico, cuando asumen que significa igual.

La falta de adaptación al entorno lo combinan con una capacidad de queja enorme. Cuando más rígido, más quejica. Da igual el tema, entre dos opciones son capaces de criticar la una y la contraria. Sus lloriqueos solo dicen una cosa: quiero volver a mi esquema mental.

En la selección natural los que no se adaptan se extinguen. La realidad cambia de forma constante. En este momento lo está haciendo además de manera brusca. Esos esquemas ahora no sirven, así que toca adaptarse o romperse.

Qué paciencia hay que tener.