Cuando no se habla claro

Uno de los problemas que más me sorprenden, relacionados con la falta de comunicación, surge cuando no se habla claro, por la razón que sea. Es algo tan básico que no se debería tener que escribir sobre ello.

Pero la realidad se impone. Y aunque parezca inverosímil, hay quien tiene la costumbre de esconder lo que quiere decir mientras asiente lo que no entiende. Todo adornado con la cordialidad de quien se siente cómodo en las sombras.

De alguna extraña manera, estas personas pretenden que les leas entre líneas, mientras dicen de forma rotunda una cosa, cuando en realidad están diciendo la contraria. Sin dobleces, sin dobles intenciones, sin pista alguna sobre la contradicción que están construyendo.

Cuando lo que ocurre se ajusta a la literalidad, muestran su rechazo de forma contundentemente oculta. Esto es, no dicen absolutamente nada y toman decisiones que revelarán la situación más adelante, cuando no haya vuelta atrás.

Estas personas, a pesar de actuar de esta forma tan estúpida, no necesariamente lo tienen que ser. Ser cobarde es suficiente como para adoptar estas actitudes tan aparentemente contradictorias.

De alguna rara manera, sí que hay forma de detectar a estas personas. De hecho, dejan pequeños indicios, casi imperceptibles en sus conversaciones. Así que alguien con gran capacidad analítica podría descubrirlos.

Pero sinceramente ¿vale la pena hacer ese esfuerzo por gente así? Sirve de algo tener que forzar el nivel de interpretación de los detalles, por alguien que no tiene el valor de hablar ni medianamente claro.

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