Cuando no se sabe de dónde viene la lentitud

La lentitud o más bien la percepción de la lentitud es un problema para los usuarios, que tiene una difícil solución. Básicamente porque tiene que ver más con el lado emocional de las personas que con cuestiones técnicas.

Las personas que utilizan dispositivos digitales conectados, normalmente están gestionando los mismos en un circo con varias pistas o capas de velocidad diferentes. La suma o concatenación de estas velocidades da como resultado la velocidad final real.

Esa velocidad real tiene el primer escollo fuera de sus propios límites. En el de lo que se considera lento actualmente. Algo que ha cambiado con la evolución de las tecnologías. Pero que actualmente se aproxima mucho a la inmediatez.

Si algo carga de forma inmediata se entiende que es lo lógico y normal. Si tarda 2 o 3 segundos pasa directamente a entenderse como lento. Así de crudo, sin pasos intermedios.

Obligando a muchas plataformas a precargar preventivamente contenidos en el dispositivo del usuario, aunque no lo haya pedido, por si acaso. Merendándose parte de su plan de datos en movilidad.

Vamos a hablar solo de tres ámbitos que inciden en la velocidad, aunque hay muchos más: El dispositivo, la conexión y el sitio remoto. La suma de sus velocidades determinará la lentitud total operativa.

Cada vez es más frecuente ver a usuarios quejarse de que su dispositivo va muy lento, cuando en realidad es el sitio remoto o la poca conectividad en un momento determinado. Lo que supone un ejemplo muy básico de cómo se perciben los dispositivos.

También he escuchado muchas quejas de lentitud en lugares sin ningún tipo de conectividad. Dispositivos totalmente saturados o sitios remotos colapsados. Cuando lo normal es que tenga que ver con problemas en dos o tres escenarios que acaban haciendo complicada su identificación y solución.

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