Cuando se argumenta «no tengo nada que esconder»

A cada noticia relacionada con fallos de seguridad e invasión de la privacidad, un determinado número de usuarios acaba argumentando «no tengo nada que esconder», en una suerte de refugio de conformidad lo suficientemente cómodo como para no preocuparse.

Está bien, es lógico buscar una manera de reconfortarse en esa comodidad ante cualquier amenaza. Pero el tema no es ese, el argumento no cabe. Si se tienen dudas se puede hacer una comparación sencilla que no sea digital, y los mismos que argumentan esto nunca acabarán diciendo «me da igual que la puerta de mi casa esté abierta, al fin y al cabo no tengo nada que esconder».

La información privada debe ser justamente eso, privada. Y el control de esa privacidad no debe ser ajeno, lo debe ejercer uno de forma consciente y responsable. No preocuparse por las invasiones de privacidad es algo realmente temerario. Y hasta que no se sufren consecuencias graves parece que es complicado de entender.

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