Cuando te quedas vacío de energía

En mayor o menor medida todos nos hemos visto afectados, en determinados momentos, por el típico bajonazo de energía, justo después de terminar con tareas intensas que implican un alto nivel de responsabilidad

Es más, aunque la tarea sea sencilla, llevarla a cabo bajo mucha presión provoca un resultado devastador. Por poner un ejemplo simple, cruzar 20 metros de un puente colgante a cierta altura, para quienes sufren vértigo puede ser demoledor.

El caso es que si además la tarea es complicada, el resultado al terminar es muy duro. Uno de los efectos se explica como si te quedaras vacío de energía, incapaz de afrontar cualquier cuestión, por menor que sea.

Pero luego está la realidad de la vida, la que te obliga a seguir adelante como si no pasara nada, aunque estés en las lonas. Como un boxeador noqueado o un ciclista con una pájara. Se supone que tienes que seguir, porque la rueda sigue girando.

Pero en realidad esto no es así. Cuando se tiene que realizar un esfuerzo de este tipo, cuyo resultado te deja en semejante estado, lo recomendable es tomar un descanso, que sea lo suficientemente reparador como para que te recuperes.

A veces no hace falta que el descanso sea nada del otro mundo, solo con una breve desconexión temporal, incluso de un solo día te puede dejar como nuevo. Pero si esto no se hace, empiezas a acarrear un cansancio unido a una baja productividad y un aumento de errores que te acaba haciendo descarrilar.

Para algunas personas, descansar es solo dejar de tomar decisiones, dejarse llevar un fisco. Algo que no está lo suficientemente valorado a pesar del impacto que conlleva.

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