Dar forma a una idea difusa

Una de las cuestiones más complicadas con las que se puede encontrar uno, es la de dar forma a una idea difusa. Aunque es verdad que si la idea es propia el nivel de complejidad no es tan alto.

La mecánica es algo confusa. Cuando ocurre esto, el cerebro sabe que algo hay ahí pero no es capaz de articularlo, se necesita sobre todo de persistencia, porque tarde o temprano lo va a descubrir.

Aunque también hay que poner de nuestra parte, cristalizando lo que sea que tenemos en distintos soportes. Haciendo pruebas y dándole vueltas al tema. Las fases de sueño suelen ser importantes, así como la búsqueda de diferentes perspectivas.

La combinación de esfuerzos intensos, descansos y enfoques lejanos suele ser bastante propicia para conseguir enfocar la idea. Una vez hecho esto ya se podrá saber si es válida o una chorrada.

Cuando se trata de una idea ajena, la cosa se parece más a un juego de detectives que a lo anterior. Se trata de escuchar muy bien lo que dice tu interlocutor –que tampoco sabe cómo articular su idea– para conseguir pistas que ayuden al descubrimiento.

Este tira y afloja creativo acaba normalmente dando frutos mixtos, algo más alejado de lo que se pedía y de lo que se interpretaba, pero que suele ser mejor de lo que los dos enfoques proponían.

Por esto es importante debatir en los procesos creativos entre iguales, sin contaminaciones derivadas de rangos o jerarquías, para que el entorno sea libre y permita un flujo de ideas y propuestas.

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