Echar a andar la bola de nieve

En los inicios hay que emplear muchos esfuerzos en echar a caminar los proyectos. Luego se genera el efecto bola de nieve, alcanzado velocidad de crucero y se avanza enormemente rápido. Incluso al final, se puede parar y la inercia hará el resto.

El caso es que hay dos formas de afrontar el lento y farragoso inicio. Mal y casi igual de lento, o bien pero con una capa extra de lentitud. De modo que si se elige apurar un poco y ahorrarse ciertas tareas, con la falsa sensación de rapidez acabarás repitiendo mucho de lo andado.

La forma lenta, lenta, es la que te lleva por el camino de la documentación, de la creación de tareas que sean fácilmente clonables o reutilizables y el empleo del tiempo suficiente para la correcta solución de cada obstáculo encontrado.

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