El amanecer de los eventos virtuales

Los eventos tienen que ser presenciales, eso está claro. Tienen una dinámica que tiene muchas ventajas para los asistentes. El cambio de rutina beneficia mucho, se puede poner el foco en las charlas, aumentando el aprendizaje y descubriendo nuevas realidades, también a través del networking.

Se genera un pequeño hype similar al de los campamentos entre adolescentes o las vacaciones de los adultos, algo que los que viajan todavía notan más. Y eso se transmite en la percepción de los eventos, que suele ser buenrollista a pesar del cansancio.

El problema surge cuando no se puede acudir en el evento. La realidad actual de la pandemia prácticamente los ha suspendido todos. Algo que para los que se encuentran lejos de todo, ya era una situación conocida.

Por eso los eventos, que se están realizando virtualmente por pura necesidad, son una buena noticia. Porque permiten la asistencia también a quien normalmente no podía desplazarse. Y esto, es un avance importante.

La comparación no está entre eventos presenciales y virtuales. Sino entre eventos virtuales y la nada. Y ahí los virtuales ganan mucho. Es verdad que se pierde parte de la experiencia presencial, pero comparándola con no poder acceder hay una mejora importante.

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