El contenido que no publicarías también sirve

En ocasiones uno se encuentra con días en los que todo lo que escribe acaba borrándolo. Las ideas o sus desarrollos en realidad son bastante flojas, o muy cliché. Otras veces uno se descubre dándole vueltas a temas que ya ha trillado.

Todo suena a verborrea, algo que claramente no le puede interesar a nadie. La cosa va por fases. Del mismo modo que hay periodos en los que todo sale casi sin dificultad –de clara incontinencia– también ocurre lo contrario.

Pero si algo he aprendido desde que me obligo a sacar algo a diario, es que determinados temas, que pienso claramente que no tienen ni el más mínimo interés, acaban suscitando reacciones en algunas personas.

La percepción de uno está tan escorada como la de los demás y evidentemente no es coincidente. Por lo que, al margen de lo que uno opine, el contenido que no usarías también puede llegarle a servir a gente. Aunque sea por razones que no alcances a comprender.

La obligación funciona como cierto tipo de gimnasia. Está claro que hay mucha paja, contenidos insulsos y mucho relleno. Pero de alguna manera también te ayuda, mientras ejercitas, a sacar alguna que otra cosa interesante, aunque no lo sea para uno mismo.

Y este punto es el que me resulta novedoso. Ser exigente, más o menos, en el ritmo, te permite de alguna manera no serlo tanto con los contenidos. Es verdad, suena fatal. Pero la alternativa te lleva a sequías de las que no se vuelve.

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