El espíritu pirata que todo lo tuerce

Lo de tomar atajos, saltarse las reglas, hacer trampas, competir de forma desleal y corromper, es algo inherente al ser humano. En situaciones determinadas como las crisis puede que se acentúe más, pero quien tiene ese espíritu lo saca tarde o temprano.

Es verdad que se atribuye mucho al carácter de las sociedades, pero en realidad la proliferación de estas actitudes está directamente relacionada al nivel de exposición social negativa que puedan llegar a tener.

Si socialmente se acepta y aplaude fanfarronear de las pillerías que se hacen sabes que estás en un sitio complicado. Porque el primer paso de cualquier sociedad es afear y condenar estas actitudes.

Lo que a nivel individual no se entiende en este tipo de escenarios, es que aunque tomar ese atajo le haya servido sin penalizaciones, en realidad estamos perjudicando globalmente a todos. Las sociedades en las que todos son ‘listos’ acaban en la pobreza.

El problema a nivel social no está en el que se salta las normas, sino en la cantidad de gente que le aplaude, que se fascina planteándose si ellos podrían hacerlo también. Ahí es donde está el quid de la cuestión.

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