El poder de la observación frente al seguimiento de modelos

A la hora de acometer tareas se puede decidir crear un camino propio o buscar las rutas más transitadas. Las dos decisiones tienen sus pros y contras, siendo totalmente válidas e incluso se recomienda que sean complementarias.

Así que en ese cruce de caminos hay que tomar la decisión. La incertidumbre que se genera es algo totalmente humano que trasciende a todas las áreas. Hay quien no tiene problema con las decisiones, pero lo más frecuente es que genere cierto estrés.

El cual se traduce en un peso. Elegir implica asumir el riesgo de equivocarse, de ser el responsable en caso de que vaya mal, lo cual carga a las personas. De hecho, una de las manifestaciones de vacaciones más relajantes, se expresa en sitios donde no tienes que tomar decisiones y te lo dan todo hecho.

Para quienes tienen que tomar cientos de decisiones al día, puede llegar a ser una mochila pesada que gestionar. Llegados a este punto lo más probable es que se elija el camino seguro, el que tiene un modelo predefinido y que practica la mayoría.

De hecho es lo más sensato y lógico. Seguir el modelo y apoyarnos en los parámetros en los que está encuadrado. De hecho, si esto supone un coste se asume sin problema ninguno. La normalización entendida como el descargo de responsabilidad, sin pararse a pensar si tiene o no lógica.

El otro camino, tanto de forma directa como complementaria, es más complicado. Porque básicamente exige crear el camino, decidir de forma continuada sin tener una referencia que te diga si vas bien o no.

Precisamente para orientarse en procesos no normalizados, es vital suma esfuerzos en lo que a observación se refiere. Algo que ni es rápido ni ligero. Necesita de concentración y mucho trabajo. Aunque los resultados que se consiguen son notables.

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