El ritmo alto que perjudica la productividad

Como en todas las cuestiones de la vida, todo precisa de su propio ritmo. O al menos, un margen de dónde moverse. Para determinadas cuestiones un ritmo alto es idóneo, porque permite despejar mucho trabajo en poco tiempo.

Lo lógico es pensar que esto es así, en lo que tiene que ver con gestión de tareas repetitivas, o que no implican mucha concentración, pero a veces tampoco la regla de tres es tan evidente.

Un buen ritmo ayuda a una toma de decisiones rápida, en cuestiones que sin prisa generarían muchas dudas y esperas. También sucede que un plazo imposible, ayuda a forzar el avance en tareas, que de no existir ese compromiso, se podrían eternizar.

En realidad todo es muy relativo. En otras ocasiones, hay que acometer tareas que en realidad necesitan un escenario temporal. Un estado determinado por parte de los participantes, para poder llevarlo a cabo. Y ahí, en ese escenario, las condiciones son muy cambiantes.

De hecho, lo importante es crear el escenario. Por poner un ejemplo, para acometer una tarea que necesita de concentración, creatividad e imaginación. O directamente, que no se sabe cómo hacer.

Y lo que se busca es un entorno que propicie la aparición de esa solución que permita llevar la tarea a cabo. Esto es algo que genera ansiedad a algunas personas. Tener que resolver una tarea sin saber cómo, es un muro que no todos saben gestionar.

Otras personas, sin embargo, se sienten cómodas en el reto, o simplemente tienen la seguridad de que algo encontrarán. La experiencia y el conocimiento de los equipos de trabajo ayuda mucho a encarar estas situaciones.

En cuanto el escenario propiciatorio, no debe resultar extraño que se tarde más tiempo en encajar las piezas para construir ese espacio, que el que se emplea en dar con la tecla una vez metido en faena.

Lo digo porque, a veces, que la idea y la ejecución de una tarea desconocida sea tan rápida, llama la atención para los ajenos. No entienden que no se haya despejado antes. Pero en este punto, es importante recordar que sin el escenario adecuado seguramente hubiera sido mucho más complicado, si no imposible.

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