El ruido deliberado en las comunicaciones digitales

Si hay algo que facilitan las plataformas digitales es la facilidad para mantener comunicaciones y conversaciones. Ya sea de forma directa o grupal, la gran ventaja está en la posibilidad de que sean asíncronas maximizando los tiempos de atención de sus intervinientes.

Esto, que supone un gran avance, también se presta a las malas artes. Permitiendo, de forma muy sencilla, generar la cantidad de ruido necesario para dinamitar la misma conversación.

Este ruido normalmente surge de forma natural, pero si se hace deliberadamente puede acabar con la conversación concreta, el canal de comunicación elegido y hasta con el objetivo planteado inicialmente.

Y en realidad no hace falta gran cosa, con cierto número de respuestas parciales, equívocas, silencios en determinados puntos, o incluso, aumentando la frecuencia de los mensajes, se puede acabar con cualquier escenario.

Este ruido se hace patente cuando la única salida a la conversación visible para la mayoría es a través de una reunión presencial. Ese es el punto que certifica su falta de viabilidad.

Y por qué alguien querría hacer esto de forma deliberada, en la mayoría de las ocasiones como medio para ganar tiempo, pero tampoco es descartable que el objetivo sea perjudicar a alguno de los intervinientes o directamente cargarse el proyecto.

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