El síndrome de la carta de Reyes Magos

Hay personas que, por alguna misteriosa razón, mantienen la lógica de la carta de los Reyes Magos de la infancia, en su edad adulta. No se trata estrictamente de falta de madurez, es más bien un tipo de novelería, algo difícil de explicar.

La mecánica de la que hablo es muy sencilla. Se alimenta de la ilusión que se tiene en la infancia, por supuesto, infinita y desprendida de cualquier lógica. Con gran dosis de fe y esperanza.

La línea de pensamiento parte del por pedir que no quede. Con suerte los Reyes traerán todo lo pedido. La esperanza se arrima sobre el todo, no sobre la parte. La plenitud el 6 de enero llega con la totalidad de lo pedido.

Todo lo anterior está muy bien en esas edades. El problema surge cuando algunos adultos, a la hora de contratar un servicio, siguen ese mismo esquema, en una suerte de infantilización que acaba en sorpresa: tanto para el que tiene el síndrome como para el que, sin saberlo, hace de Rey Mago.

La sorpresa para quien tiene el síndrome es tan grande como negativa, al final siempre busca que todo lo que quiere contratar sea un regalo. Para quien hace de Rey Mago, la sorpresa aparece en forma de falta de respuesta y/o pérdida de tiempo, tras la presentación de la propuesta.

Llegados a este punto, la pregunta es ¿cómo detectar a gente con este síndrome? para así poder esquivarlos. La respuesta no es sencilla, pero hay un par de detalles que pueden servir de indicio.

Si seguimos la mecánica infantil lo primero es la ilusión, si es desbordante mal asunto. No digo que no haya, hablo de que cuando es muy grande, lo que se puede inferir es cierta falta de realidad.

Otro detalle importante se puede detectar cuando para el proyecto piden prácticamente de todo, lo que entronca con el ¿cómo de larga es la carta de los reyes? Normalmente cuando se pide de todo, no se contrata nada.

El problema para ellos está en la decepción, la que se encuentran cuando ven la realidad, lo que les obliga a salirse de su esquema mental infantil, y acabar entendiendo que no podrían ni plantearse asumir ni un 10% de lo que están pidiendo.

Pero esa decepción es responsabilidad suya y en ningún caso es comparable, ni de lejos, con la pérdida de tiempo que causan a quienes piden estas propuestas. Que normalmente no están para jugar a los Reyes Magos.