El uso decorativo de la tecnología

No fue hasta la popularización de los iPhone, cuando descubrí con gran asombro, que personas adultas adquirían dispositivos tecnológicos como elementos decorativos o de moda. El objetivo no era su uso, sino la proyección que generaban.

En ese momento me pareció una singularidad generada por el tremendo hype que se había acumulado. Y que como tal, no se volvería a repetir. Pero claro, me equivocaba. No solo fue el inicio sino que se estableció como precedente.

Y es que hay personalidades que necesitan adquirir todo tipo de bienes y servicios para que proyecten una imagen, y lo hacen de forma totalmente separada de los usos y objetivos que puedan llegar a prestar.

Lo vemos con los viajeros que enumeran los sitios en los que han estado, como si de un contador de éxito se tratara, sin apenas recordar ninguna experiencia o anécdota durante los mismos.

Pues la tontería, en el mundo tecnológico, también entra en zona profunda, y te acabas encontrando con personas que adquieren incluso ordenadores y dispositivos tremendamente caros y complejos, que literalmente no usan casi nunca y no entienden. Convirtiéndose este perfil de usuarios, en uno de los motores de venta en periodos de regalos navideños.

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