Facebook Shops: la tienda que no será tuya

Esta última semana se ha anunciado el lanzamiento de Facebook Shops, de una manera curiosa: a través de una publicación del propio Mark Zuckerberg. La repercusión en los medios ha sido muy favorable.

Los puntos fuertes que se destacan en realidad son todo debilidades: la facilidad para la creación de la tienda, la gratuidad y la integración perfecta en su ecosistema. Ahora mismo solo disponible para EE.UU. Habrá que ver cuánta repercusión tendrá cuando se habilite para el resto de países.

En algunos medios comparan el tema como si se tratara de una competición con Amazon. Y puede que en parte sí, pero el tema relevante no está ahí. Una de las orientaciones que ha buscado Facebook desde el principio es replicar Internet dentro de sus márgenes.

Esto solo lo ha conseguido por medio de adquisiciones. De forma nativa, en el desarrollo de sus propios productos, no consigue tener transcendencia. Pero oye, nunca se sabe, y el paso, desde su propia dinámica es lógico.

A las empresas, concretamente las tiendas, que ya tienen perfil en la red social y que con la pandemia y fase del confinamiento están empezando a repartir sus productos a través de mensajería, unirse a esta solución puede ser muy tentador.

De hecho que no esté habilitado para España está generando algo de frustración. Ya que se ve en el uso de las tiendas en Facebook e Instagram y las comunicaciones a través de Whatsapp, una gran oportunidad. El círculo se cierra con el uso de las herramientas publicitarias de la compañía.

Esta oportunidad puede interpretarse como oportunista. Sobre todo cuando se anuncia a nivel mundial y solo está habilitada para su país. Lo que el anuncio está diciendo en realidad es, no tenemos esto disponible para todo el mundo, pero lo estará y será así de estupendo.

Y si algo ha demostrado el marketing es que la escasez de servicios y productos tecnológicos funciona. Generando deseo ante algo que no se puede usar y que soluciona un problema que tengo justo ahora.

Esta manipulación de la situación no es muy evidente para quienes están apurados en estos momentos. Así que de alguna manera, se ha generado un escenario en el que se ofrece un servicio, aunque todavía no, que promete ser fantástico aunque huela a trampa.

Bien, llegados a este punto ¿dónde está el problema en usar Facebook Shops?, en principio debería ser todo genial salvo por que, como decíamos, sus ventajas en realidad son debilidades para el propietario de la tienda:

La facilidad prometida es un camelo. Tanto la tienda como todos los productos tendrás que introducirlos como con cualquier solución de comercio electrónico. Es uno de los handicaps más grandes que tienen quienes montan y mantienen un ecommerce, y que la interfaz sea más o menos sencilla, no exime del trabajo que conlleva.

La gratuidad implica dos cuestiones en cadena: no pagarás por el servicio de forma directa, por lo que no podrás exigir ningún tipo de asistencia, reclamación, debate, ni disputa. No tendrás un teléfono al que llamar si te encuentras con problemas. Y solo te podrás ceñir a sus normas.

Esto ya lo han hecho con las páginas web. Muchos usuarios en lugar de tener su propia web solo tienen página en Facebook. Con lo que toda su presencia digital se fundamenta en un servicio gratuito sobre el que no se tiene el control. Solo cierta sensación de control.

Por último, la interdependencia del resto de servicios de la compañía, con lo cual acabas atado a Facebook, a Instagram y a Whatsapp. De una manera u otra tienes que utilizar sus canales porque son los que usan tus potenciales clientes.

Esto es así. Pero hay una diferencia importante entre participar usando estos servicios como intermediarios digitales o utilizarlos como el núcleo de tu negocio. Y Facebook es un intermediario que aspira a controlar todo el proceso. Si las empresas solo tienen su tienda ahí, están externalizando lo único que es suyo, algo que no tiene ningún sentido.

Dicho de otra forma, utilizar Facebook Shops como tienda en lugar de como un espejo de tu propia web de comercio-e, es crear y depender de una tienda que no será tuya.

Si has decidido o las circunstancias te obligan a entrar en el mundo del comercio electrónico, no lo hagas en un sitio ajeno, y menos porque es fácil y gratuito. En el mundo real no lo harías.

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