La baja tolerancia a lo imprevisto

Hay personas que en algún momento de su vida planearon una serie de objetivos de una manera concreta y, por algún tipo de conjunción cósmica, las cosas le salieron tal y como habían previsto. Esto se les quedó grabado a fuego y les ha acabado haciendo un daño tremendo.

El razonamiento simplista les llevó a pensar que controlaban la situación, que gracias a su planificación y perfecta ejecución todo salió como pensaban. Esto, además de super loco, es muy tentador.

Facilita mucho la vida. La línea de pensamiento es algo como ‘Si lo que imagino en mi cabeza lo acabo cristalizando en el mundo real, significa que tengo el control de mi destino‘.

Luego aparece el ego ‘Si los demás no lo consiguen es porque no planifican ni ejecutan como yo, que soy divino‘. Y así todo…

Por supuesto hay que planificar las cosas e intentar ejecutarlas de la manera más hábil posible, con la esperanza de acercarse al objetivo. Pero de ahí a pretender que pase tal cual, hay un trecho importante.

Lo que no puedes prever, los imprevistos, las carambolas, la suerte (la mala), te va dando volteretas por el camino, complicando todo el proceso, llevándote a tomar decisiones que te alejan de tu objetivo, replanteándote tanto el proceso como el destino, ayudándote quizás a descubrir que la planificación no era correcta.

Lo anterior es lo normal, por pura estadística. Lo extraño es lo otro, que todo salga como creías, algo que en la mayoría de los casos se debe a una coincidencia de intangibles que te llevan a ese fin.

Las personas con esta afección, la de creer que todo tiene que ir como imaginaron, tienen una muy baja tolerancia a los imprevistos, no digamos a lo que entienden como fracaso. Cualquier plan, o parte del mismo, que no siga su ruta prefijada le supone una frustración enorme. Revolviéndose contra estos imprevistos y dinamitando el proceso cuando es colectivo.

Da igual lo que la realidad le esté diciendo. Si llegados a cierto punto se descubre que lo previsto es un disparate y que la solución está en la mano, simplemente cambiando un detalle, las resistencias que presentará serán tremendas.

Y lo son porque al plantearse asumirlas está haciendo un reconocimiento tácito de falta de control. Que es justo lo que cree que tiene. Estas personas acaban madurando en algún momento, entendiendo cómo funcionan las cosas. O no, y acaban por ahí, con cierta edad, comportándose como críos malcriados.

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