La crítica digital como medida de repercusión

Lo más habitual a la hora de recibir críticas es tener una reacción negativa, el enfado y la preocupación también aparecen. En entornos digitales, las críticas también activan estas reacciones, aderezadas por la permanencia en el tiempo y acentuadas por la relevancia que intermediarios digitales y usuarios les otorgan.

Mucho se ha escrito sobre cómo gestionar la respuesta a las críticas, si hay que responder, eliminar, cerrar canales, ignorar los medios, participar, demandar, o lo que acaba siendo más recomendable, responder pensando tanto en el usuario que critica como en el resto de usuarios.

Por supuesto, en ocasiones, se puede llegar al extremo de analizar si la crítica tiene fundamento, y si la misma merece algún tipo de acción o corrección. Dicho lo anterior en tono irónico, más que nada porque parece que sea siempre una opción imposible de acometer.

Al margen de lo anterior, una interpretación que también hay que hacer es la puramente estadística. Si se reciben criticas, reacciones encontradas, debates y demás interacciones, es porque antes se ha generado cierta repercusión, la suficiente para generar esa dinámica.

Hay algo que es mucho peor que la crítica: la falta de repercusión. Concretamente, la que no se corresponde con los objetivos marcados. Lo que ocurre es que a nivel personal, en entornos digitales, se tolera mejor la falta de repercusión -por su anonimato- que la crítica negativa, que es activa y directa.

Pero si pasas de un estado en el que no se producen interacciones a uno con cierto grado de crítica, en realidad has subido de nivel en cuanto a repercusión. Y esto hay que tratarlo como una buena métrica.