La dependencia del asistente virtual

Un asistente virtual, como el de Google, aumenta su dependencia en función de su uso. Se empieza por un par de comandos básicos, relacionados con la música y según vas avanzando, acabas imaginando comandos nuevos y probando.

Lo peor que puede suceder cuando se te ocurre una idea loca como ‘pon sonido de tormenta‘ es que funcione y lo haga. Más que nada porque entras en un terreno desconocido, en el que parece lógico que el cacharrito esté programado para cualquier ocurrencia.

Así es como se sustancia la dependencia. Manejar dispositivos con la voz es muy cómodo. Y si bien es cierto que se necesita de un cierto periodo de entrenamiento, una vez que lo completas todo surge de forma bastante natural, dentro de lo que cabe.

Así es como te acabas pillado. Y si un día no funciona parece que te quedas en blanco, no sabes cómo hacer las tareas más sencillas, si no es a través de los comandos. Bueno, en realidad no tanto, pero si es verdad que frustra bastante.

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