La desconexión digital real como forma de lograr el descanso

Aunque solo sea por un día, para las personas que están conectadas de forma intensiva, una desconexión real supone la base con la que poder disfrutar de un descanso. Algo que no se logra con facilidad.

Las comunicaciones durante los periodos no laborales se han normalizado, por lo que la responsabilidad para lograr tener la opción de descansar está del lado del receptor. Creando espacios de tiempo sin conexión.

Cuando se logra, el efecto es inmediato, pareciendo que esas 24 horas -a lo que hemos llegado- generen una sensación temporal mucho mayor. De nada sirve intentar concienciar a los remitentes permanentes. Tenemos que hacerlo nosotros.

Actualmente el postureo ha llegado también a la importancia que se les atribuye a cada asunto, por menor que sea. Y ese postureo autoconvence de que, como todo es importante, también debe ser urgente.

Para desconectar hay que entender que la última frontera de la urgencia, la que está entre lo realmente importante y lo que no, es la llamada telefónica. Si se da ese paso, al ser una conversación sincrona, el interlocutor se arriesga al rapapolvo en caso de que no se justifique.

Todo lo que no sea eso, debe ser ignorado, para así poder descansar, y luego, ya si eso, ser más productivo.