La evolución de la dependencia digital

En ocasiones sucede algún imprevisto que hace que no puedas conectarte al mundo digital. Ya no solo se reduce a la electricidad, como es mi caso en este momento, el problema se diversifica cuando no hay conexión a internet.

Que mi cable de alimentación eléctrica usb-c deje de funcionar por retorcimiento continuado, y lo haga en pleno domingo, me supone un serio problema que no tiene solución inmediata. Así que sin opciones, me tendré que dedicar a descansar en domingo, una anomalía.

Toda la planificación que tenía para el día más productivo de la semana desaparece por una tontería como esta. Por un puto cable. Si se produce un corte energético uno no se queda con esta cara de desconcierto. Para colmo el cable ya había avisado en otras ocasiones, pero como volvía a funcionar lo olvidaba.

En cualquier caso, los elementos que pueden fallar y dejarte desconectado han aumentado. Lo que se traduce en una evolución de la dependencia. Normalmente se asumen bien las dependencias de toda la vida, pero las nuevas dependencias, cuando fallan son cuestionadas.

La sorpresa que se llevan los usuarios de fibra, cuando en el primer corte de luz, descubren que además de no tener energía ni conexión a internet, tampoco les funciona el teléfono fijo es notable. Y es en ese momento cuando se cuestiona. Sin tener en cuenta que prácticamente toda la población tiene un teléfono móvil a mano. En casas con domótica integrada la tragedia todavía es mayor.

Resumiendo, cuando más ligada esté tu actividad diaria a los elementos digitales más posibilidades hay de que todo se venga abajo. De alguna manera perversa cuando más tecnológico seas, más rápido puedes acabar en modo Mad Max.

Escribo esto con mi último 4% de batería. Si mañana no saco nada será que no lo he superado.