La exigencia de las tareas pequeñas

En ocasiones uno se pasa todo el día trabajando sin parar y al finalizar te das cuenta que no has completado ni un 10% de lo que habías planificado. Estás agotado pero con la sensación de no haber hecho nada.

Y todo se debe a las tareas pequeñas. Las cuales cuentan con una combinación letal de discreción y absorción. Son capaces de pasar totalmente desapercibidas. Se presentan de forma inocente y con una sonrisa en la cara te dicen ‘son solo 5 minutos‘.

Al escucharlas uno piensa: no, en realidad esto lo hago en 3 minutos, y tiras para adelante. Sobra decir, que al final se merienda una hora y media mientras te preguntas qué es lo que ha pasado.

Las tareas pequeñas tienen un aliado poderoso en las llamadas telefónicas, los mensajes de Whatsapp y los correos sin sustancia. Las interrupciones parecen que actúan de forma coordinada.

Con lo que el resultado acaba siendo devastador. 10 horas intensivas se convierten en 45 minutos de trabajo real. A veces no queda otro remedio que atender este tipo de tareas, porque de no hacerlo se acaban convirtiendo en problemas gordos. Pero en otras ocasiones, al desatenderlas descubres que se acaban resolviendo por sí solas.