La falacia del teletrabajo en el paraíso

El teletrabajo ha llegado para quedarse, eso está claro. En realidad hace rato que llegó, pero hemos necesitado de un evento brusco para asumirlo como una realidad. Como todas las cosas que se empiezan a interiorizar, necesita de un proceso de asimilación que tiene sus pasos bien marcados.

Uno de ellos, se basa más en una técnica de vender las ventajas del teletrabajo que en una realidad. El planteamiento es tan antiguo como inherente a los propios portátiles, el cual busca vender la idea de que se puede trabajar desde el paraíso cómodamente.

Esto se cristaliza habitualmente en una playa. Como hacía el personaje que interpretaba Sandra Bullock en la película ‘La red‘ de 1995. Que pensándolo bien, era super loco, porque en ese año apenas comenzaba la era de internet.

Pero esa imagen que se repetía en distintos ámbitos, por irreal que fuera, se coló en el imaginario colectivo. Sustentando una idea que se las ha arreglado para llegar a nuestros días, sin apenas quejas a la contradicción que esconde.

Cada uno tiene su experiencia, claro. La mía es la siguiente: vivo en un archipiélago de islas paradisiacas y en distintas etapas he trabajado en remoto, tanto desde mi isla, como estando desplazado o de vacaciones en otras islas. Y la conclusión es que el combo trabajo – paraíso no va bien.

Esto de trabajar desde cualquier sitio con el portátil, estando en bermudas y cholas, para después coger la tabla de surf e irte a la playa a coger olas, está genial como idea, de hecho es super tentador. Y estando en un sitio como éste es relativamente fácil de hacer.

Pero al margen de determinados problemas técnicos que te puedes encontrar, el problema está en la capacidad que tiene tu cerebro para ser capaz de adaptarse a los dos modos: modo vacaciones o modo curro.

El objetivo en las vacaciones es conseguir desconectar, relajarse, no pensar en el trabajo, bajar las revoluciones, transitar con tu pensamiento por sitios poco habituales, dejar de tener el foco fijo en las tareas. Justo lo contrario de lo que se busca cuando se trabaja.

Cuando terminan las vacaciones necesitas un tiempo de adaptación para coger el ritmo de trabajo. Básicamente se trata de ir pasando de un modo a otro, algo que se consigue con entrenamiento y tiempo. No hay un interruptor que se pueda apagar de forma inmediata.

Por supuesto hay gente que es capaz de hacerlo, no lo niego. Pero la mayoría de las personas que conozco no practican esta dinámica. Con lo que estar en el paraíso no aporta realmente nada al teletrabajo.

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