La generosidad que se ignora

Cada uno es como es. Es complicado cambiar ciertas cosas y la relación con la generosidad resulta dificultosa para algunos. Se trata de una cualidad que debería incorporarse al cuadro de mando cuando se recibe.

Es una tontería explicarlo, pero para ciertas personas no sirven explicaciones ni diagramas. Pero vamos allá. Todos en algún momento nos hemos sentido apurados, en una situación complicada y alguien nos ha ayudado desinteresadamente.

En ese momento, el agradecimiento que sientes por haber recibido esa ayuda, en contraste con el resto de la gente que se puso de perfil, es enorme. Una gratitud que te supera.

Personalmente me he visto en esa situación unas cuantas veces. En ese momento tienes dos opciones, aprender de la experiencia y no olvidar lo que ha pasado, o rechazarla. Los dos caminos son muy populares.

Del lado positivo aprendes que todos nos podemos encontrar en esa posición, lo que es la empatía y mueve a la gente a ayudar, aprecias más a quien te ha ayudado y si aparece una opción de devolver el favor lo haces.

Pero eso no es lo más importante. La generosidad no es un billete de ida y vuelta. Una vez que la incorporas la aplicas con quien puedas, sobre todo si la otra persona la ves en un apuro como el que tuviste. Gracias a este tipo de personas las sociedades crecen y se hacen más solidarias.

Luego está quien la rechaza. Normalmente por cierto pudor y vergüenza. Que alguien te haya ayudado es un recuerdo demasiado doloroso o un signo de debilidad que se quiere borrar. Así que se ignora esa generosidad y se corta cualquier tipo de relación. Es como si se sintiera que se debe algo, que en realidad es impagable.

Y luego están los caraduras, los que reclaman ayuda y generosidad en un solo sentido, el de recibirla. Y por mucho que les ayuden, nunca, bajo ningún concepto dan la mano a otra persona. Estos en realidad no entienden nada. Como no entienden confunden esa ayuda con un derecho. Son los que se ofenden un montón cuando un día dejas de ayudarles.