La idealización en redes que le quita épica a las vacaciones

La tan comentada dinámica que se produce en las redes sociales, en la que los usuarios buscan compartir un ideal de felicidad en la vida en general, se potencia durante las vacaciones. Las redes sociales se llenan de fantásticas imágenes de los lugares de veraneo.

Todo es muy tonto, claro. Muy adolescente. Pero esta moda ha conseguido llevarse por delante a adultos de todas las edades. El viaje ya no trata sobre vivir la experiencia, conocer mundo, descansar o desconectar, tampoco tiene nada que ver con conocer otras culturas o gentes.

De lo único que se trata es de proyectar cierta sensación de felicidad, que se basa en la autocomplacencia de saber que tus contactos y seguidores te estarán envidiando. Y si hay que pasarse medio viaje montando trípodes, editando fotos o yendo al quinto pino para solo una foto, pues se hace.

Esta proyección se sustancia en fotografías, porque los vídeos llevan más trabajo y postproducción, que también se acaba haciendo, pero que todavía da más trabajo. El caso es que hay quienes planifican donde ir, qué ruta hacer y a qué hora, solo pensando en la fotografía para las redes sociales.

El problema está en la competencia. Son muchos los usuarios que están en esto, con medios casi profesionales, que están haciendo lo mismo, por lo que para destacar hay que hacer cosas más efectistas.

Para colmo la tendencia es siempre la de ser original, hacer algo que no han hecho los otros. En todo un ejercicio de contradicción, se quiere hacer lo que se ve que hacen los demás en las redes, pero diferente. Para copiar con originalidad o algo así.

El caso es que esta búsqueda de cierta originalidad en la copia, junto con la tremenda competencia, provoca que las imágenes que se comparten en las redes sociales durante los viajes o vacaciones tengan una calidad fotográfica brutal.

Hay que pensar que existe una diferencia importante entre ir a un mirador y sacar una foto sobre la marcha, con planificar una sesión de fotos a la hora del día con la luz perfecta, tirar 60 fotos, elegir una y colorizarla.

Con lo que la diferencia entre las fotos de viajes habituales, que sirven para el recuerdo personal, con las fotos idealizadas de los que comparten en las redes es tremenda. Esa versión idealizada puede incluso animar a otros a viajar a ese destino, sea de un grupo o del otro.

Pero la realidad de esos lugares tan especiales no tiene nada que ver con la realidad del sitio cuando llegas a él. No digo que esté mal, ni siquiera es nada del otro mundo, salvo para quién se las cree. Solo recordar que con las imágenes también se puede mentir. Algo que dice más del compartidor que del sitio.