La influencia de la percepción como detonante de las olas

En ocasiones tenemos un funcionamiento binario a la hora de reaccionar a según qué circunstancias. Con la pandemia parece que como sociedad solo tenemos dos modos: miedo y relax.

El problema en relación con el cambio de un modo a otro, es que lo hacemos en función de unas incidencias que tienen que ver con lo que ocurrió hace dos semanas, lo cual lo complica mucho todo.

Así se explican las aceleraciones y desaceleraciones. Coincidiendo cada dinámica justo con el estado contrario, en realidad anterior. Si hace dos semanas la cosa fue malamente, las cifras estarán disparadas ahora.

Por lo que entra en escena el miedo y las restricciones. A pesar de ellas la situación seguirá empeorando, porque se trata de un reflejo de lo que pasó hace 14 días. La sensación de agobio aumenta y se restringe más.

Luego llega el valle, dando paso a la fase de relajamiento, en el que los datos van mejorando, y a pesar de que se trate de una fotografía de un pasado cercano, actuamos en consecuencia y empezamos de nuevo a intentar volver a nuestras rutinas.

Las olas serán más o menos fuertes en cada localidad, en función de la coincidencia de la etapa de relax con fechas señaladas que propicien todavía más el aumento. Este baile de reacciones a realidades pasadas es complicado de asumir.

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