La infravaloración de los recursos propios

En el proceso de creación y asunción de determinados recursos propios, llega un momento en que se normalizan como si se trataran de elementos orgánicos, como si formaran parte de la naturaleza, como el sol y el aire.

Olvidando que mantener esos recursos conlleva un esfuerzo continuado y un mantenimiento de los mismos. Otro caso claro de confusión por postureo, confundiendo lo que sucede de verdad y lo que parece.

Llegados a este punto de asunción, en lo que supone una gran infravaloración, se le da mucha relevancia a las propuestas de entornos ajenos, porque prometen novedades generando estímulos nuevos.

Obviando la realidad propia e incluso pudiendo parecer que se entra en contradicción. Cuando en realidad lo que ocurre es que directamente se ha perdido la perspectiva de lo que se tiene. Es ahí, cuando empieza la aventura.

La aventura de adquirir lo nuevo, hasta que en la fase de implementación se llega a ser consciente de que las peculiaridades de lo ya asumido tienen unas razones de ser, que básicamente se sustentan en la realidad concreta. Reduciendo el nivel de mejoras a dos chorradas estéticas.

Con lo que todo el proceso se convierte en un globo, en el que tanto los recursos propios como los ajenos, tienen que recorrer un largo camino para llegar al mismo sitio. Solo por la perniciosa querencia a olvidarse.

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