La inversión en autoformación

Uno de los hándicaps que tiene la formación para los adultos es la resistencia mental a admitir que no se sabe sobre esto o lo otro. Algo que se ve acentuado cuando se trata de áreas en las que se cuenta con muchos conocimientos y experiencia.

Es una tontería evidente. Pero se genera una especie de muro, de alguna manera competitivo, que impide admitir que otro adulto sepa más que tú sobre algo que dominas. Pero siempre se puede aprender, tanto de forma directa como relacional.

Por esto mismo, la autoformación crea el mejor escenario para las personas que necesitan ampliar conocimientos sin enfrentarse a esta dinámica de competición con el formador.

En este proceso en el que para este tipo de personas no hay interacción personal, digamos amenazante, se puede crear un progreso significativo a nivel formativo. Por supuesto, siempre es mejor la interacción con un docente, en cuanto a la facilidad de transmisión de los conocimientos.

Al margen de este tipo concreto, también puede ser muy beneficioso para quienes tienen mayores capacidades y deciden marcarse un ritmo más rápido en las formaciones, avanzando directamente a su propio ritmo.

En cualquier caso, la nueva normalidad no hace más que reclamar una asunción de la responsabilidad autoformativa. Que no se encuentre necesariamente tutorizada, pero que se apoye en interacciones personales de forma orientativa en determinados puntos.

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