La normalización en la extracción de datos

Si bien es cierto que los entornos digitales cuentan con la capacidad de la extracción de multitud de datos, tanto de forma directa como indirecta, también lo es que en cada vez más ocasiones se llega demasiado lejos, cruzando líneas rojas en cuanto a la privacidad, que tarde o temprano se tendrán que regular.

Un poco por buscar cierta lógica, se puede entender que en sistemas gratuitos se tomen datos con un objetivo publicitario, pero la extracción de todo tipo de datos ha saltado primero a entornos de pago y parece que ahora también a organismos públicos.

Una vez descubiertas las posibilidades en el perfilado de usuarios, parece que ha habido una desbandada siguiendo un nirvana en el que conseguir toda la información de los usuarios. Y tras ese sueño del dorado, se está montando una maquinaria, que en su naturaleza tiene ciertas barreras que se están obviando.

Vamos a ver, que yo vea un contenido no significa que ese contenido me guste. La gente no hace siempre lo que más le gusta. Ignatius Farray lo explica de forma magistral en este vídeo:

Pero actualmente estamos con este hype, en el que todavía no hemos llegado a la cresta de la hora, pero que con el tiempo acabará entendiéndose con cierta relatividad.

Dependiendo del nivel tecnológico de cada persona, se le extraen todos los datos que utiliza en internet, tanto en escritorio como en movilidad, gratuitos o de pago. Lo que ve en su televisor, los ebooks que lee, lo que camina y conduce, y en definitiva toda la información geográfica y así un largo etcétera.

Ayer mismo vi la noticia de que Google acaba de comprar Fitbit. La adquiere no solo por su tecnología, que también, sino sobre todo por el dataset de sus usuarios y su histórico.

Pues no. Esto no es normal. Nuestros datos no deben estar siendo recabados, al menos de forma tan exhaustiva. Hay que poner límites legales, para que los humanos acabemos teniendo un área de privacidad mínima a la que no puedan acceder las plataformas digitales.