La percepción de las estadísticas es netamente emocional

En la lectura de las métricas estadísticas en entornos digitales, se generan una serie de problemas superpuestos que acaban convirtiéndose en autosaboteadores. La secuencia natural que se da en otros sectores, aquí no es tan obvia. Y llegar al final lógico es más complicado de lo que pudiera parecer.

La secuencia ideal sería: leer – interpretar – verificar – concluir. Pero el primer escollo está a la hora de leer. Si no se entienden los conceptos con los que se trabaja, o están cogidos con alfileres, es complicado saber de qué estamos hablando. Otro problema añadido es la falta en la unificación de los elementos, que si bien tienen similitudes, no significan lo mismo en todas las plataformas.

Interpretar sin referencias es el siguiente problema grande. Por defecto necesitamos referencias para poder comparar y saber dónde estamos en cuanto a métricas, algo totalmente lógico. El problema está en que básicamente las referencias que se buscan son externas, habitualmente en condiciones diferentes y por lo tanto no comparables.

Lo ideal, cuando hay falta de elementos comparativos, es compararse consigo mismo, a través de series temporales. Si no sabemos donde estamos, al menos debemos saber si estamos mejor que el mes pasado, fijándonos en la progresión temporal obtendremos las referencias más fiables.

Al margen de lo anterior, la interpretación de las estadísticas se siente atraída poderosamente por la percepción del interpretador. Cuanto más dominada por las emociones esté esta percepción, más influirá en la interpretación de las estadísticas. Validando medidas disparatadas como consecuencia de cruces de datos ilógicos, o desechando datos claros e inequívocos basados en proyecciones sin sentido.

Las estadísticas son tozudas y habitualmente tienden a contradecir nuestras ideas preconcebidas. Las percepciones también tienen mucho que ver con cómo vemos la realidad con nuestros ojos de usuario. Es buena idea tener una actitud neutra, escuchando lo que nos dicen y, sobre todo, lo que nos contradicen.

La duda es el terreno natural por dónde se mueve quien interpreta las estadísticas. Huye de cualquiera que tenga seguridades rotundas en este aspecto. Así que en la medida de lo posible siempre es importante hacer verificaciones temporales de las interpretaciones, sobre todo de las que más dudas generen.

Una vez verificada la interpretación llega el momento de la conclusión, tomando decisiones que modulen la actividad que se está desplegando, para así mejorar los objetivos marcados, y hacerlo de forma continuada.

Esta actividad es complicada de sostener en el tiempo. Por eso normalmente se buscan respuestas sencillas a la interpretación de un mundo de estadísticas, como el digital, que tiene en la complejidad y detalle de los datos que recaba, su gran obstáculo a la vez que ventaja.

Al final lo único que se busca es una respuesta monosílaba a la pregunta ¿Qué tal vamos? Pero esto es totalmente imposible. Lo que se convierte en todo un paradigma de la sociedad actual, en el que las explicaciones si son sencillas triunfan, por muy contradictorias e ilógicas que sean.