La telepatía, el handicap oculto que tumba los proyectos

La telepatía, el handicap oculto que tumba los proyectos

Quizás se debe a la época que estamos viviendo, en la que el individualismo cada vez conquista cotas más altas de incongruencia. No sé, puede que esto siempre se haya dado y no lo notara, pero en la gestión de proyectos cada vez se exige más la telepatía como un elemento fundamental para su continuidad.

No hablo de entendimiento, conocimiento del área, extracción de datos, comunicación fluida, ni siquiera de empatía. Sino de pura telepatía. Pretendiendo que de forma totalmente esotérica y sin dar ninguna pista al respecto se adivine lo que quiere el interlocutor.

La forma de exigirlo es lo peor de todo. Se exige telepatía sin decirlo, sin nombrarlo, sin darse cuenta de lo que están pidiendo, sin entender que la comunicación entre dos interlocutores necesita de la participación de los dos.

A lo que aspira quien exige la telepatía, aún sin saberlo, es que se adivine no solo lo que quiere y no manifiesta, sino que también se haga magia con cuestiones que ni siquiera sabe que quiere. Quiero algo indefinido que esté chulo. Sin saber precisar ni el qué, ni el cómo, ni lo que significa chulo para esta persona.

Esta expresión del individualismo, en la que se hace al interlocutor responsable de lo que no comunica, es tan estúpida como pedir a otro adulto que elija menú por ti, te dé de comer, mientras te limitas a abrir la boca y masticar, para luego quejarte porque no te ha gustado la comida.

Quizás esté de más decirlo, pero por si acaso: La telepatía no existe.

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