Las decisiones defensivas que arrinconan

A veces uno se puede ver encajonado en una situación ridícula, desplegando mucho trabajo repetitivo por la concatenación de decisiones defensivas, da igual que sean propias o ajenas.

Si se está en una posición y se busca un objetivo, la línea recta suele ser el camino más directo. Es cierto, que a veces hay que dar algún que otro rodeo. Pero si tu línea es que un laberinto que de entrada empieza yendo en dirección opuesta, puedes intuir que la cosa no va bien.

Frente a una problemática hay dos tipos de acciones que se pueden acometer para su resolución, la correcta o la que se puede hacer. Lo ideal es que la correcta se pueda hacer. Pero cuando no coinciden se puede caer en la tentación de hacer lo más aproximado.

Lo cual añade un margen de error en la consecución del objetivo. Si en cada paso se añade este tipo de distorsión, es muy probable que se acabe a mitad de camino, más lejos que al principio, y con la sensación de haber olvidado el destino.

Intentando solo sobrevivir a la cantidad de tareas defensivas acumuladas, que te han arrinconado.

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