Las desconexiones no entendidas

Una de las ideas que flotan alrededor de sociedades hiperconectadas es que todo el mundo estará conectado en todo momento. Lo que lleva a equívocos siguiendo una línea de razonamientos perversa.

De manera que si a alguien se le contacta a través de cualquier medio digital y no da respuesta se entiende, sin posibilidad de opciones, que ha decidido no responder. El tiempo que va transcurriendo desde la primera comunicación no hace más que confirmarlo.

Si después de enviar mensajes electrónicos por tierra, mar y aire, el susodicho no responde se cruza la barrera invisible de la comunicación, llegando a llamar por teléfono. Si la situación se prolonga un espacio de tiempo alto, digamos cuatro o cinco días, se entiende como si se estuviera haciendo un vacío deliberado.

La neura puede seguir hasta niveles enormes, ya te haces una idea. El caso es que en ningún momento se piensa en las múltiples razones que pueden llevar a la desconexión. Esa exigencia auto asumida no necesariamente se comparte por el resto de personas.

En muchas ocasiones un ausencia abrupta es la única forma de encontrar un pequeño oasis de descanso y paz, en una sociedad tan innecesariamente conectada.

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