Sol, niebla y calima

Vivo en las Islas Canarias, al oeste del desierto del Sáhara, en el norte de África. Si no fuera por el anticiclón de las Azores estas islas serían puro desierto. Pero tenemos un clima muy bueno casi todo el año.

Predominantemente soleado y estable. En el pueblo donde vivo hay un microclima bastante fresco y por momentos hace mucho frío, sobre todo debido a la humedad. Por eso en ocasiones tenemos días soleados, con bancos de niebla y episodios de calima sahariana. Todo a la vez.

Todo un ejercicio de contradicción que refleja de alguna manera también el carácter local: hospitalario, amable y en ocasiones asfixiante. Una de las ventajas de vivir aquí, en el paraíso, es que todo es mucho más fácil.

El nivel de vida es bueno, el ritmo de vida no cae en la trampa del estrés y la gente es abierta. Es un cliché, pero no me imagino viviendo en ningún otro sitio. Pero la limitación geográfica de las islas se refleja en la mentalidad.

Y esto se traduce en una serie de limitaciones que cada vez superamos más como sociedad. De hecho la generación actual prácticamente no las sufre. Pero las contradicciones como colectivo siguen estando presentes.

Personalmente esto se refleja en que de alguna manera siempre me he sentido muy parte de esta tierra y a la vez como un invitado ajeno. Quizás sea el resultado de tener media ascendencia de aquí y la otra media de fuera, o directamente son tonterías mías.

El caso es que levantarse un día y encontrar bancos de niebla, sol y un horizonte lleno de calima, reconforta y molesta a la vez.